La Eucaristiía a la luz del misterio Pascual

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LA EUCARISTIA A LA LUZ DEL MISTERIO PASCUAL

OBJETIVO:

Darse cuenta de la importancia de prepararnos para el Encuentro con Jesucristo vivo en la Eucaristía.

Oración:

Ambientar el lugar con motivos Eucarísticos: pan, trigo, vino, uvas, cáliz, hostia, etc…., flores.

Ubicarse todos en semicírculo alrededor de los símbolos eucarísticos, con una música adecuada para la ocasión empezar motivando al silencio, así durante unos minutos continuar con un diálogo abierto para recoger impresiones.

Se concluye con un canto apropiado.

Motivación:

Para transformar la vida.

Se llamaba Ana. Al decir de sus mayores padres y maestros, lo tenía todo. Todo lo bueno: inteligente, rica, bella, hija única y con un futuro prometedor. Pronto, en una convivencia, los compañeros de su edad detectaron un pequeño defecto: no sabía convivir porque se creía superior, única, diferente. Aquella tarde, cansada de reuniones, pegó un portazo y se marchó a caminar en solitario por el campo.

Llovía. Previsora como era, portaba un impermeable. Se lo colocó, capucha incluida. La lluvia azotaba su cara. Comenzó a caminar de espaldas. Solo entonces sintió una corazonada:

“Ana, ¿no será así tu vida?… Siempre caminando de espaldas a todos. A ti misma que no te conoces. A los demás. Con quienes no quieres compartir nada. A Dios, que no es nadie en tu vida. ¿Crees que llegarás así muy lejos?”

La inteligente Ana se quitó el impermeable, se dejó empapar por la lluvia y en su soledad, comenzó a saltar y gritar:

“Sí, quiero cambiar. Quiero ser diferente. Señor, si existes ayúdame”.

Cuando regresó al lugar de reunión de sus compañeros, éstos intuyeron que algo grande había pasado. Ana sonreía y pedía ayuda.

Después de contar la experiencia de su paseo entendieron lo que es orar: partir de la vida, para volver a la vida transformados por el espíritu.

Para entender mejor la parábola se hacen comentarios libres acerca de las experiencias que se han tenido de reuniones sociales, sean fiestas, juntas, u otro tipo de reuniones. Qué aspectos sobresalen en cada uno de los lugares, adornos, letreros, etc…

Iluminación:

Nuestra actitud ante el encuentro con Jesús Eucaristía debe ser de sencillez sin prejuicios dejándonos amar por Él. Pero no debemos olvidar que encontrarnos con el Señor implica estar preparados, es decir, para ser partícipes de su banquete necesitamos traje de fiesta que no es otra cosa que la conversiópn de nuestra vida, un cambio de actitud.

El encuentro con Jesucristo vivo es el punto de partida para una auténtica conversión, y para una renovada comunión y solidaridad. Para hacer efectivo este proyecto siempre es Dios quien toma la iniciativa. Es Él quien se hace prójimo de los hombres y quien da el primer paso para ir al encuentro del hombre y la mujer. Es Él quien se interesa por su futuro, por su historia, y quien decide unirse y solidarizarse con los hombres y mujeres. Es Dios Emmanuel, es decir un Dios-con-nosotros que camina junto a su pueblo. Es un Dios que se da a conocer. Es el Dios de la revelación; el que se revela. Él actúa a rostro descubierto. Es un Dios que, al revés de los otros dioses, no se esconde detrás de su misterio

La pregunta es, entonces, ¿dónde, cómo y cuándo podemos encontrarle? ¿dónde y cómo podremos dejarnos encontrar por Él? ¿dónde podremos verle, escucharlo, sentirlo y palparlo? (ver 1Jn. 1,1). El no minimiza sus presencias. Las multiplica. Y nos da los caminos al encuentro. Así lo aprenderemos en las páginas de la Biblia y, en especial, en los relatos después de la resurrección. En ellos Jesucristo nos revela los lugares y el lenguaje preferido. Donde hay amor y caridad, Dios ahí está. Donde está Dios, está la felicidad.

Los signos del Resucitado están presentes en una acción de Iglesia, que es el Memorial de Salvación. Jesús Eucaristía.

La Iglesia realiza la memoria de su Señor en el gesto memorial del Pan y el Vino. Por eso necesitamos ampliar nuestro horizonte de comprensión de este “gesto memorial” que la Iglesia guarde desde sus orígenes como un “precioso tesoro” en cumplimiento del mandato de su Señor “hagan esto en conmemoración mía”. Es necesario que busquemos una comprensión más sólida y profunda del gesto que Jesús realizó con sus discípulos durante la Cena en vísperas de ser entregado, y que se perpetúa en la memoria de sus discípulos mientras esperamos su venida.

Los relatos de este acontecimiento están presentados en los Evangelios: Mt. 26,26-29; Lc. 22, 19-20; Mc. 14, 22-25; 1Cor. 11, 23-26). Estos relatos cuentan que Jesús se sentó a la mesa con sus discípulos en víspera de su muerte y que durante la cena, tomó el pan y el vino, un gesto habitual en las comidas festivas judías. La novedad, que es objeto de memoria de la Iglesia, no está en que Jesús haya realizado una cena, ni siquiera en el gesto de tomar el pan o el vino. Lo que nos interesa, por tanto, para captar su novedad, es saber hacia dónde nos orienta este signo del pan y el vino de la última cena en que Jesús se identificó tan radicalmente. “este es mi Cuerpo… esta es mi Sangre…” ¿ Cuál era la intención de Jesús al rehacer este gesto tan común en las cenas judías? ¿ Cuál es la novedad que Él agrega a este gesto?

Para que podamos comprender mejor el gesto que Jesús realizó en la cena es necesario comprender el sentido profundo de otro gesto realizado por Jesús: el gesto de la Cruz. Es la Cruz la que da sentido a la vida de Jesús. En ella se encuentra la plenitud del sentido de su vida. Desde la Encarnación hasta el Calvario, la vida de Jesús solo se entiende como Don. La ofrenda suprema de la cruz es toda su vida, reunida bajo todos sus aspectos, para realizar de ella un gran gesto de amor.

El gesto del Pan y el Vino, acompañado por las palabras de Jesús, nos ayuda a comprender el sentido de su muerte. Al realizar este gesto del Pan y el Vino, antes de su Pasión, Jesús nos lleva a comprender que su muerte en la cruz no es objeto de una condenación: ni por el poder religioso de Israel, ni por el poder político de los romanos, como es el caso de los dos ladrones que están crucificados junto con Él. Su muerte es una muerte libre, expresión del don que ya ha sido realizado en la cena con los suyos.

De esta manera, el acontecimiento de salvación en Cristo consiste esencialmente en esto: Jesús que se entrega, que se da, que se ofrece sin medias tintas, al Padre y a los hermanos, señalando así con su sangre la alianza nueva de Dios para con los hombres.

Cristo también está presente en la Asamblea. En la Palabra proclamada. En el ministro. En el corazón de los fieles (SC 7). Se trata de un gran misterio de presencia que tiene su culmen en ese momento de gran intensidad que es la presencia del don de su Cuerpo y su Sangre real y sacramentalmente entregados por nosotros. De esta manera, la Eucaristía es el don de Cristo a aquellos que por el Bautismo del agua y del Espíritu ya se han transformado en su Cuerpo eclesial.

Los signos eucarísticos nos dan no el cuerpo del crucificado sino el Cuerpo transformado del Señor por el poder del Espíritu en la Resurrección. Solo este Cuerpo Resucitado es el Pan de vida para la salvación del mundo ya que la resurrección realiza el paso del mundo antiguo al mundo nuevo, del mundo marcado por el pecado y la trasgresión, al mundo donde reina el Espíritu y la vida Nueva. La salvación consiste en incorporarse a este paso, a esa Pascua.

Situación en que vivimos.

Algunas actitudes de los adolescentes ante la Eucaristía no son las más deseables.

El encuentro con Cristo como maestro es la experiencia que debe motivar a ellos a un cambio de actitud. Encontrarse con Jesús significa “estar con Él”, llevar la cruz que Él llevó.

Ante las experiencias que se tienen de retiros, eucaristías, encuentros, ¿por qué no se ha tenido una auténtica conversión? ¿cómo renunciar al individualismo, a las modas, a pensar en Dios como algo lejano?

El encuentro es exigente. A Jesús se le encuentra y se le descubre en su Palabra, en el hermano, y de un modo especial en la Eucaristía. Pero nos acercamos con actitudes erróneas: para empezar se quedan afuera del Templo o en las puertas, mientras más lejos mejor; van a Misa y no comulgan por el qué dirán…, otros se la pasan platicando o jugando, buscando a la muchacha que les gusta o al muchacho; otros can muy fachosos, su presencia en el vestir deja mucho que desear del lugar a donde van, la Casa de Dios.

Es interesante cuando un adolescente logra vencer todo prejuicio y asiste por convicción y se enorgullece al participar y no se anda escondiendo de los amigos, al contrario, los invita a participar como él. Esperemos que todos los adolescentes sepan participar con entusiasmo en la Celebración de la Eucaristía.

Compromiso:

Se les puede entregar una copia con las siguientes preguntas:

¿Qué te impide el participar con entusiasmo de la Misa?

¿Con qué actitud deseo comprometerme para hacer de la Misa del Domingo una experiencia de Encuentro con Cristo?

Se deja que ellos mismos propongan una Misa donde puedan participar como ellos quieren.

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